Semillas de historia
Ayer tuve un sueño. Estaba tendido en la cama, no porque fuese la hora de dormir o estuviera cansado, sino porque, como tú bien sabes, hago cosas así cuando tengo ganas de pensar. Buscaba ideas para continuar la novela que te estoy escribiendo. Cuando me siento ante el cuaderno, recurro a ideas que tengo por ahí guardadas en forma de pequeñas semillas, ideas que nunca han sido expuestas a la mirada escrutadora de la razón, ideas que vuelan libres y se van transformando por sí solas. Porque si asumo la “verdad” de una idea, o si creo que se me ha ocurrido algo muy bueno, o si por ejemplo presencio un suceso interesante, las historias pierden todo su sentido y no me inspiran lo más mínimo. Es como romper una semilla. Por eso, cuando una y otra vez me preguntas qué escribo, me duelo a mí mismo, porque no quiero contártelo, no sólo por mí (no soy egoísta, como sabes), sino por esa pobre semilla de historia, que esconde más de lo que me enseña y, al enseñártela yo a ti, se pierde en...